Después de un tiempo me atreví a
escribir este capítulo de mi vida que continuamente me reusaba a hacerlo, sabia
que al hacerlo podrían revivir una euforia de emociones, pero ¿Qué es este
capítulo? Iniciare narrando una de las naturalezas que más amo y respeto en la
vida “El mar”
Actualmente es mi lugar de favorito,
donde después de comprender su naturaleza, respetarlo, atreverme a más cada día,
sentirlo en mi cuerpo y en mi piel, en los latidos de mi corazón cuando nado a
una distancia lejos, en esas aguas que me dan calma cuando quiero descansar,
acogerme en sus aguas templadas, en el
miedo que comienzas a sentir cuando llego mas lejos de lo esperado, de lo
incierto, de lo desconocido, y el
éxtasis que recorre mis venas cuando me doy cuenta de lo lejos que puedo llegar
sola, sin compañía.
Cabe mencionar que para poder
disfrutar de estas sensaciones fue un proceso difícil, porque mientras conocia las profundidades del mar, me desconocí mucho tiempo, me perdí en el, por un momento dude
de mí y no supe quién era. Todo esto me llevo a una suma de
enseñanza-aprendizaje (no los podría llamar errores). Me atreví a nadar sus olas inesperadas, en sus cambios constantes, en sus mareas inestables, en ese
lugar a veces frio y muchas veces cálido, oscuro y otras veces luminoso, salado,
pero de esas sensaciones que te hacen sentir viva, que, aunque esa sal te puede
raspar las mejillas, la arena lastimarme la piel no me importaba por que solo
éramos el y yo.
Cuando me lastimaba por tu naturaleza
(por qué así es como yo lo llamaba), muchas veces pensé en ya no volverme a
meterme nunca más en las profundidades de tus mareas, prefería quedarme en la
orilla solo a observarte, pero el canto de tus olas lograba endulzarme el oído
y el prometedor día soleado apuntaba a nuestro favor, entonces lo volvía a
intentar de una manera diferente porque decía “esta vez nos tiene que salir
bien”. woow!! no puedo describir lo fantásticos que eran esos días de verano,
cuando las aguas se mostraban tranquilas, que a pesar de lo salado que eras
también podías endulzar mis días, sentir tus mareas rozando mi piel, darme esa
tranquilidad que tanto buscaba, disfrutar cada momento sobre su regazo, sentía
que nada malo podría suceder.
A la semana siguiente deseaba ir a
verte y vivir la misma experiencia de la ultima vez que entre en sus mareas
profundas, desde que llegaba a la playa comenzaba a quitarme la ropa
desesperadamente, con ansias de tocar su calidez, me quitaba las sandalias para
meterme directo a nadar, no me importaba quemarme con la arena si eso era
necesario para llegar a el. Pero vaya
sorpresa, no eras el mismo “mar” que había tenido la semana pasada, todo se
tornaba diferente, ya no se sentía esa calidez, eras más frio, me confundí
mucho, trate de guardar la calma mientras las lágrimas se rodaban por mis
mejillas y se mezclaban con tus aguas saladas, comencé a nadar de un extremo a otro desesperadamente
para volver a encontrarlo y revivir esa sensación, de repente lo encontré y una
sonrisa pinta en mi rostro, cuando me faltaba poco para llegar a el, me golpeo con una ola, quede totalmente atónita, no supe que pasaba, trate de salir a la
superficie, pero llegaba otra ola, por un momento sentí que me moría, pero no
de luchar contra todas esas olas, si no de tristeza y decepción, que en cuanto
más trataba de salir el me hundías.
Desilusionada llegue a la orilla en un mar de llanto, me prometía nuevamente que jamás volvería a intentarlo, pero de repente si alguien lo mencionaba o escuchaba de el, veía las fotos en redes sociales de lo azul que eras, de lo bonito que estaba ese día, me decía “bueno vas a ir a la playa pero te quedaras solo en la arena” , cuando estaba en la arena lo escuchaba y volvías a endulzarme con el sonido de tus olas, y era algo que no podía parar, que se repetía cada vez más constantes creando un círculo vicioso entre ambos.
Una mañana me desperté con el corazón
totalmente roto, confundido, decepcionado y comencé a entender que no era el
“mar” si no yo, quien tenia que prepararse y trabajar mucho en mi para poder
disfrutar, y que no era el único mar que había, entonces hice las pases conmigo
y cuando las hice, cambio todo, te respeto, te agradezco todo lo que me
enseñaste, pero ahora se que puedo nadar sola, a mi ritmo, a mis tiempos, con
mi dirección, con mis retos, con mis
metas, objetivos, sin idealizarte y eso esta genial por que puedo disfrutar cada playa que visito, amo el mar pero primero
tengo que A(mar)me a mí.

Comentarios
Publicar un comentario